A imaxe é o outono, coas derradeiras follas amarelas amarradas á árbore, resistíndose a cair, pintando o ceo de calma e trebón que hoxe peneirou sobre Vigo.
Todo semella rematar, pero voltarán a abroiar: primeiro pequenos gromos verdes nas ponlas, asomando un narís pequeno ao primeiro sol da primavera, cheirando a nova vida. Logo, unha mañán, o estourido: a árbore pletórica vístese para regalarnos a sombra dos nosos paseos case eternos, no momento preciso no que creiamos que todo sería invernada, no momento, mesmo, en que esta parecianos atractiva.
Voltará a árbore a adornar os seus dedos longos coas follas novas. Voltará a lembrarnos que o tempo pasa, que o tempo retorna e que a aquelas vellas follas de outono, a beleza dun vento frío levounas para sempre.
La imagen es el otoño, con las últimas hojas amarillentas amarradas al árbol, resistiéndose a caer, pintando el cielo de calma y tormenta que hoy se cernió Vigo. Todo parece acabar, pero volverán a brotar: primero pequeñas puntas verdes en las ramas, tímidas, asomando una nariz pequeña al primer sol de primavera, olisqueando la nueva vida. Luego, una mañana, la explosión: el árbol pletórico se viste para regalarnos la sombra de nuestros paseos casi eternos, en el momento justo en que creíamos que todo iba a ser invernada, en el momento, incluso, en que ésta nos parecía atractiva.
Volverá el árbol a adornar sus dedos largos con las hojas nuevas. Volverá a recordarnos que el tiempo pasa, que el tiempo retorna y que a aquellas viejas hojas de otoño, la belleza de un viento frío, las llevó para siempre.
Vigo, Alameda.