23/5/12

Na vella conserveira do Hío









 
Só antronte, as mans de mulleres do mar de Aldán acariñaban feixes de xoubas que deitaban no aceite de metal, aquí mesmo, onde dormen para sempre os restos da arribazón fabril; cristais rotos dun tempo fallido. Fiestras que se abren dende a nada á salitre. Un ollo suplicante que marca o fin dun tempo de traineras e racús. Só hai nada envolvida nestes muros que respiran, xa sen nada que acobillar, máis que saudades. Non hai voces de capataces, nin son de máis máquina cá do marés medrando no vello peirao arriba, reclamando. Non hai muros, só ventáns que buscan ferir as veas das paredes, para que entren as aves mariñas a devorar os esqueletes de sardiñas, rinchas, xurelos e alcriques que xacen nas pantasmas da memoria rota da factoría.
Só un ollo que te observa e te interroga entre tanto baleiro e tanta beleza do xa non.
Alí enfronte, baixo as espadanas de san Cibrán, na vella aldana, nos líquenes do cemiterio mariño, un nome nunha lápida lémbranme que, dalgunha maneira, eu tamén son de alí: de vellas historias e vellas perdas.


Sólo anteayer, las manos de mujeres del mar de Aldán acariciaban haces de xoubas que acostaban en el aceite de meral, aquí mismo, donde duermen para siempre los restos de la arribazón fabril; cristales rotos de un tiempo fallido. Ventanas que se abren desde la nada al salitre. Un ojo suplicante que marca el fin de un tiempo de traineras y racús. Sólo hay nada envuelta en estos muros que respiran, ta sin nada que esconder, más que saudades. No hay voces de capataces, ni sonido de más máquina que la de la marea creciendo en el viejo muelle arriba, reclamando. No hai muros, sólo ventanas que buscan herir las venas de las paredes, para que entren las aves marinas a devorar los esqueletos de sardinas, caballas, jurelos y agujas que yacen en los fantasmas de la memoria rota de la factoría.
Sólo un ojo que te observa y te interroga entre tanto vacío y tanta belleza del ya no.
Allí enfrente, bajo el campanario de san Cibrán, en la vieja aldana, en los líquenes del cementerio marino, un nombre en una lápida me recuerda que, de alguna manera, yo también soy de allí: de viejas historias y viejas pérdidas.

Antiga Fábrica de Curbera, Hío, Aldán

5 comentarios:

Joséphine dijo...

Belleza melancolica de los lugares abandonados...

Olalla Fl dijo...

Fantástica mirada al olvido y el paso del tiempo.

Saludos!!

Rafael Ojea dijo...

Grazas Joséphine e Olalla!

Txemita dijo...

Con tres de las fotos sería suficiente: la barca abandonada, la ventana reticulada con las casas al fondo y la bahía al atardecer, despidiéndose del sol. El resto redunda y cansa como las reiteraciones didácticas. Las fotos un poco claras para mi mal gusto por la melancolía en penunbra, pérdida de luz que se va...se fué.
Cómo conectamos con el tema de las pérdidas, la nostalgia del que fué y, peor aún, de lo que no llegó a ser.

Rafael Ojea dijo...

Tienes razón en lo del número de fotos Txema: inseguridad. En un ejercicio de autocrítica, además de las que citas, yo añadiría la del ojo y la de la ventana que muestra el marco de piedra.
La posibilidad de subir las sombras en las fotos a contraluz me hizo, como bien dices, dar más claridad al interior de la fábrica, con lo que, creo -también tienes razón-, se pierde "ambiente" (aunque se gane la visión de esos azulejos con grafitis que me apetecía mostrar). En cualquier caso, con independencia de la "intencionalidad", la imagen refleja bien la luz que percibía mi ojo dentro de la fábrica: lo pude reflejar en el procesado por esa capacidad de recuperación del sensor de la K5, después de exponer a las luces.
Probaré un nuevo procesado y te lo envío...
A ver si te dejas caer más veces por aquí!