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22/3/09

Cabaliño

Primeiro foron uns xeonllos incansables, naquela cociña matriz sempre co seu arrecendo a leite recén fervido: al paso... al trote... al galooopeee!. Logo cabalguei na alucinante montura da peluquería Loroño -coido que un pinto con moitas horas de galopada no seu lombo-, ao tempo que espallaba anacos de infancia loira polo chan, hoxe en Rio Grande, mañán en Wichita ou aos pés dos bisontes das pradeiras, perseguido por Pawnes, Sioux, Cheiéns, Comanches, Crows, Kiowas ou Arapahoes.
Tiven tamén durante anos un cabalo de madeira e cartón forrado de tea grosa de lá, un overo de capa negra, producto de horas de pluriemprego e moito amor, co que conquistei boa parte do Oeste.
Moitísimos anos despois, na barbería da rúa Carral, tropecei con este zaino manso e algo tristeiro da foto e lembrei os tempos nos que vivir e trotar polas chairas da imaxinación era exactamente o mesmo.

Primero fueron unas rodillas incansables, en aquella cocina matriz siempre con su olor a leche recién hervida: al paso... al trote... al galoopee!. Luego cabalgué en la alucinante montura de la peluquería Loroño -creo que un pinto con muchas horas de galopada a sus espaldas-, al tiempo que esparcía pedazos de infancia por el suelo, hoy en río Grande, mañana en Wichita o a los pies de los bisontes de las praderas, perseguido por Pawnes, Sioux, Cheyenes, Comanches, Crows, Kiowas o Arapahoes.
Tuve también durante años un caballo de madera y cartón forrado de tela gruesa de lana, un overo de capa negra, producto de horas de pluriempleo y mucho amor, con el que conquisté buena parte del Oeste.
Muchísimos años después , en la barbería de la calle Carral, tropecé con este zaino manso y algo tristón de la foto y me acordé de los tiempos en los que vivir y trotar por las llanuras de la imaginación era exactamente lo mismo.

Rúa Carral, Vigo

12/2/09

Moscas

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.

¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,

-que todo es volar-, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,

de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,

de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

[Antonio Machado]

Museo de Serralves, Porto, Portugal