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6/11/12

Nas dársenas da Beiramar
















Nas dársenas da beiramar, no arrecendo portuario de breas, guanos e salitre, o meu mundo flúe entre os chíos de carráns e gaivotas.
Nas dársenas da beiramar fabrico insólitas estrelas que nadan inquedas ao son da solaina e do bris.
Nos lienzos de aceiro dos arrastreiros recén pintados inscríbense as mareas.
Alí, entre as ondas só esbozadas, atopo un reflexo do posible e reconcíliome con esta cidade maltratada.

En las dársenas de orillamar, en el perfume portuario de breas, guanos y salitre, mi mundo fluye entre los chillidos de charranes y gaviotas.
En las dársenas de orillamar, fabrico insólitas estrellas que nadan inquietas al son de la solana y de la brisa.
En los lienzos de acero de los arrastreros recién pintados se inscriben las mareas.
Allí, entre las olas solo esbozadas, encuentro un reflejo de lo posible y me reconcilio con esta ciudad maltratada.


Beiramar, porto de Vigo

16/8/12

Metal de mar



Os cascos dos barcos, feridos de océano, sangan o ferruxe do Atlántico esquilmado, contabilizan o fin das súas singladuras, sinalan a terra e os despeces. Os pesqueiros do porto de Vigo, máis que atracados, varados, capturan a paleta ocre e añil dos horizontes de Cíes bañados polo sol trala galerna. Se apalpo o seu aceiro canso sinto prolongárseme a pel na marea vívida e fría na que sobreviven, e fondeo eu tamén entre os chíos dos pirrís e as azas despregadas ao sol do cormorán, como un arrolo no que pecho os ollos e acougo no deixar fluir deste tempo de verán que quero infindo.
Eles e mais eu no colo da dársena do Berbés das augas calmas.

Los cascos de los barcos, heridos de océano, sangran el óxido del Atlántico esquilmado, contabilizan el fin de sus singladuras, señalan la tierra y los desguaces. Los pesqueros del puerto de Vigo, más que atracados, varado, capturan la paleta ocre y añil de los horizontes de Cíes bañados por el sol tras la galerna. Si palpo su acero cansado siento prolongárseme la piel en la marea vívida y fría en la que sobreviven y fondeo yo también entre los chillidos de los charranes e las alas desplegadas al sol del cormorán, como un arrullo en el que cierro los ojos y descanso en el dejar fluir de este tiempo de verano que quiero infinito.
Ellos y yo en el regazo de la dársena de O Berbés de las aguas calmas.

Dársena do Berbés, Vigo